Comunicación en tiempos de resistencia: el desafío de sostener la universidad pública

8 octubre, 2026

En el marco del lanzamiento del nuevo portal web institucional de la Universidad Nacional del Centro de la Provincia de Buenos Aires (UNICEN), nos sentamos a dialogar de manera directa con el rector de la casa de altos estudios, Dr. Marcelo Aba. En una coyuntura atravesada por la restricción presupuestaria y los intensos debates sobre el rol de la educación superior, conversamos sobre los retos de gestionar y comunicar en tiempos de incertidumbre, la importancia de la transparencia y la necesidad imperiosa de resguardar el pensamiento crítico en la era digital.

En este escenario de transformación de las plataformas de la universidad, la conversación se inicia sobre el lugar exacto que ocupa hoy la comunicación institucional al momento de gestionar una universidad pública. Para Marcelo Aba, no se trata de un mero complemento técnico, sino de un motor vertebral de la gobernanza universitaria:

—Para nosotros es muy, muy importante, es central. Lo es como mecanismo de gestión, porque los actos de gobierno necesitan ser no solamente aplicados, sino explicados y contextualizados en cada momento, en el momento en que son puestos en vigencia. Pero además, en momentos de crisis como la actual, en que una gestión se ve obligada a tomar decisiones que no siempre son las que dejan conforme a todo el mundo, con más razón es necesario que la comunicación de esos actos esté muy, muy bien explicada, contextualizada, puesta en conocimiento de toda la comunidad, que es en definitiva quien tiene que juzgar la validez o no de esas decisiones. Para nosotros, la comunicación de los actos de gobierno es un elemento central al que apuntamos siempre a querer mejorar, a tenerlo con mayor presencia, porque nos parece que es la forma de que toda una comunidad tenga conocimiento de lo que está ocurriendo con sus decisiones.

Al profundizar sobre el escrutinio permanente y la complejidad del contexto, Aba apela a una máxima clásica —«el hombre y sus circunstancias»— para explicar cómo el paso del tiempo altera la lectura de la gestión pública:

—Lo primero es tratar de que cada decisión sea puesta en el contexto que la llevó; lo que normalmente decimos «el hombre y sus circunstancias». La misma decisión con dos o tres años de diferencia puede tener una lectura u otra de acuerdo… a veces menos, a veces en pocos meses una misma decisión tiene una razonabilidad totalmente distinta. Eso nos está atravesando permanentemente en épocas de crisis, en un contexto totalmente adverso para el sistema universitario. Que se logre transmitir y receptar desde quien está como integrante de esa comunidad qué es lo que se decide y por qué se lo decide de esa manera es fundamental para que entre todos podamos seguir construyendo la universidad y no generemos sectores que van por caminos distintos. Para eso hace falta una comprensión muy acabada de parte de toda la comunidad —la comunidad de la universidad y también la comunidad extrauniversitaria—, pero nada más que la comunidad universitaria somos alrededor de 30.000 personas, por lo tanto, ya solamente una llegada plena a esa población es fundamental, y por supuesto ampliarla al resto de la sociedad también.

Al abordar los rasgos distintivos del proyecto de universidad , el rector es categórico respecto de la etapa histórica que se transita:

—Estamos en una etapa a la que podríamos definir como de resistencia. Estamos tratando de sostener una universidad que está sufriendo embates permanentes, con recortes que vienen por todos lados porque no se aplica la inflación, porque nos descuentan las cargas sociales, porque no nos pagan la antigüedad… todo lo que ocurre, porque los gastos de funcionamiento se nos recortan período a período. Todo nos va llevando a una situación de crisis. Creo que lo primero es que todos comprendamos que estamos tratando de sostener una universidad que responde a un modelo, que es un tipo de universidad con mucha inserción regional, con mucha inserción en la sociedad, con mucho acompañamiento a sus estudiantes, a cada uno de sus claustros docentes y nodocentes, tratando de hacer la vida universitaria lo más equitativa posible.

A pesar de la asfixia económica, la gestión se niega a que la resistencia signifique parálisis. Aba remarca las acciones que la institución mantiene en marcha y expone la convicción estratégica que guía el trabajo cotidiano:

—Después, claramente están las decisiones que se toman más en lo cotidiano, donde tratamos de actualizarnos, tratamos de hacer cuestiones que sean más ágiles, tratamos de tomar decisiones que aún impliquen cierto crecimiento. No por todo lo que decía antes hemos dejado de construir un gimnasio, estamos licitando aulas para salud, estamos tratando de avanzar con financiación de la Provincia para tratar de recuperar la obra de la fachada… La universidad sigue trabajando, la universidad sigue apostando al futuro. Y mientras tanto, tenemos un deber totalmente inalienable que es hacer que la universidad llegue a buen puerto hasta que ocurra algún cambio de ciclo, que esperamos que ocurra en algún momento.

»Como país hemos atravesado diferentes crisis, esperemos que de esta también salgamos, y en ese momento la universidad tiene que estar preparada para despegar de inmediato, no para empezar a prepararse para arrancar, sino que tiene que, con una financiación acorde y con las condiciones dadas, poder arrancar al otro día. Para eso tenemos que llegar hasta ese día haciendo que la universidad —aún con dificultades, con problemas, con limitaciones, con retrasos salariales— tenga todas las condiciones funcionando como para que el día que logremos que esa perilla pase a estar en funcionamiento, no tengamos que salir a contratar nodocentes, a contratar docentes, a buscar becarios, a buscar estudiantes, sino que tengamos todo eso lo mejor preparado posible para un despegue inmediato que nos vuelva a poner en la senda que todos queremos, que es la del crecimiento. Que es la que tal vez hoy está más afectada: donde más estamos sufriendo es que no podemos crecer lo que quisiéramos.

A este escenario se suma la complejidad geográfica de la UNICEN, estructurada como una universidad multisede, aspecto sobre el cual el rector detalla:

—Es una ventaja enorme por un lado, que nos da un espacio de incumbencia muy amplio, con casi 500.000 habitantes si fuéramos una sola ciudad, con toda la riqueza que genera la diversidad y con las dificultades que eso conlleva. De tratar, en tiempos de crisis, de ser otra vez equitativos entre las sedes, tratar de escuchar a todos por igual aún no estando en un mismo campus o en un mismo edificio, tratando de que ese crecimiento de la universidad contemple a todos sus actores, que justo es recordar que en nuestro caso incluye desde jardines maternales a posgrados de nivel internacional, y en el medio todo: escuelas secundarias, carreras universitarias, carreras de pregrado… Todo eso conforma la UNICEN. En ese sentido, la regionalidad —que no es solo económica, es una regionalidad que tiene que ver con los hechos, con las decisiones, con lo que se trabaja día a día— es un elemento más a tener en cuenta al momento de tomar decisiones, que quizá quienes tienen una sola sede no tengan esa cuestión a atender.

Hacia el cierre de la conversación, al plantear la dimensión de la escucha institucional frente al impacto de las redes sociales y el avance de nuevas tecnologías, Marcelo Aba brinda una reflexión profunda sobre el rol del pensamiento en el ámbito universitario:

—Entiendo que es todo un desafío porque también creo que está en crisis la escucha de la sociedad. Hoy en día, redes, medios, hacen que la sociedad tendamos a escuchar lo que queremos; y cómo el sistema o el algoritmo nos retroalimenta lo que queremos, la escucha crítica —que creo que es la que en definitiva todos quisiéramos: escuchar a quien está de acuerdo, escuchar a quien no está de acuerdo y sacar una conclusión a partir de allí— tal vez esté un poco en crisis. Tal vez sea parte de los problemas que como país —pero vemos lo que ocurre en Brasil, vemos lo que ocurre en Estados Unidos— hayamos perdido parte de eso que era el hecho de escuchar las noticias, de comentarlas en familia e ir formando una idea a partir de ir escuchando distintas versiones. Se va reemplazando por una retroalimentación de un mismo mensaje.

»Y en el caso de una universidad, eso hace a su vida misma, que es el espíritu crítico. Nosotros queremos formar profesionales que tengan ese espíritu crítico. Hoy, en tiempos en que avanza la inteligencia artificial, si algo tenemos que retener, retomar y potenciar es algo que tal vez sea el reducto que quede para el profesional: esa capacidad crítica para decidir qué sí, qué no, qué tomo y qué no tomo, hasta dónde tengo una herramienta y dónde la herramienta me está llevando a hacer lo que yo no pensaba. Ese es un desafío que tiene la universidad para con sus futuros profesionales, pero por supuesto para con toda su comunidad: que el pensamiento crítico siga siendo el eje central de la vida universitaria. En eso, los modos de comunicación, la libertad de comunicación y el formato de la comunicación me parece que son centrales para que esos futuros profesionales, y la comunidad en su conjunto, reciban toda la información y puedan finalmente sacar su propia conclusión, y no sea una vía unidireccional y monotemática.

 

 

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